Primera vez con una chica

Primera vez con una chica

Después de una buena temporada saliendo un día si y otro también, me vino una época de quedarme en casa. Mi amiga Mar estaba un poco preocupada, pero la tranquilicé y le confesé que estaba un poco cansada de salir tanto, de los tíos que sólo van a lo mismo, de meterme de todo cada noche. El caso es que me quedaba en casa los fines de semana.

Los viernes por la noche echaban una película porno que siempre veía. La película en si no me ponía mucho, estaban demasiado pensadas para tíos, pero algunas escenas hacían volar mi imaginación y me veía yo protagonizándolas, por lo que apagaba la tele y me hacía algunos dedos con mi objeto preferido, el desodorante roll-on, el mejor invento para una chica 😉

Un día aparqué el coche en Fuencarral, en el parking. Al salir ví que había justo un sex-shop con la entrada en el subterráneo, muy discreto. Eché un vistazo curiosa, jamás había entrado en uno. No se veía nada y me armé de valor y entré. Joder, me quedé sorprendida. La cantidad de películas, objetos, menudo mundo!!!. Incluso ví dos tíos meterse en una cabina, me imagino que para hacer algo.

Bueno, el caso es que viendo que allí todo el mundo iba a lo que iba, pues me dí una vuelta. Llegué a la sección de consoladores y me quedé impresionada. Había algunos de un tamaño bestial, vamos, que eso no entraba a una tía ni de coña. También los había de colores, de dos extremos, nunca me hubiera imaginado todo eso. Al final, me armé de valor y en un rato que no había nadie a la vista decidí coger dos, uno era un kit de sexo anal y el otro un consolador de latex. De esas cosas que haces en el momento y que luego no te puedes creer que lo hubieras hecho.

Llegué a casa y me acosté después de cenar, sin casi acordarme de lo que tenía en el armario. Llegó el finde y me volví a quedar en casa. Mi amiga Mar estaba realmente preocupada, pero al final la convencí para que saliera. A eso de la una de la mañana me fuí para la cama y fue entonces cuando me acordé de mis nuevos juguetes. Abrí los dos y los lavé bien lavados (que nunca se sabe). El cosolador imitaba a la perfección a un falo, con sus venas y todo. Bien mirado era hasta cómico. Me desnudé y me metí en la cama, separé mis piernas y comencé a pasármelo por el chocho, que ya tenía algo mojado. Comencé a imaginar mi fantasía favorita, que un hombre de color me hacía el amor, y enseguida me lo empecé a meter. La sensación era extraña, como tener dentro una polla pero que tú controlas, da mucho gusto, aunque no tanto como el sexo real. Aún así, pronto alcancé un orgasmo, con el consolador metido bien adentro y moviéndolo como una loca.

Decidí entonces probar el anal. Me unté los dedos de crema lubricante y me la extendí por el ano, poniéndome a cuatro patas, sin llegar a meterme los dedos. Quería hacer algo que no me atrevía a hacer con un hombre, por miedo al dolor, que era practicar el sexo anal sin dilatación, un poco a lo bestia.

Agarré el consolador, que tenía forma como de cono y empecé a hacer presión en mi ano. La forma afilada y el que yo controlará el dolor que me hacía parando un poco la presión, hizo que me entrará en el culo. Me dolió un poco, sobre todo al principio, pero finalmente entró. Comencé a masajearme el clítoris con el consolador metido en el culo, sin moverlo. No tardé en sentir el placer viniendo de mi clítoris y de mi ano. Me imaginaba siendo sodomizada por mi amante negro, que me la metía sin lubricarme y sin dilatarme, ábriendome el culo y clavándomela hasta el fondo. Comencé a gemir por el placer que me estaba dando y a hablarle a mi amante imaginario «Asi, abréme el culo, cabrón, folláme» y cosas así. Pronto comencé a tener mi segundo orgasmo, largo y muy profundo, segregando mucho líquido.

Me saqué el consolador y me quedé exausta, con la cabeza en la almohada.

Entonces la oí. Mi amiga Mar estaba en la puerta de mi habitación y me dijo «Joder, tía, ¿de verdad te da tanto gusto por ahí?». Me quedé helada, con la cara ardiéndome de la vergüenza. Joder que pillada!!!!. No supe que decir, creo que se me escapó un «lo siento». Mar ya sabía que me masturbaba… pero de ahí a que te pillen y encima con un consolador en el culo. Menudo corte!!!!.

Se acercó riéndose de mí. Por fín se me pasó el corte y yo también me reí. Había vuelto antes porque estaba preocupada por mí, y me dijo «ya veo porque no quieres salir». Mientras hablábamos fuí al baño y lavé los dos consoladores, mientras Mar miraba con curiosidad. Los iba a meter en su caja para guardarlos en el armario pero Mar adelantó la mano y los cogió «Espera, no los guardes, que nunca he visto uno». Los observó mientras me preguntaba desde cuando los tenía, si eran igual que hacerlo con una polla, todas las preguntas que surgen. Yo le contesté que lo acababa de estrenar. Ella se quedó mirando el consolador anal y mirándome a los ojos me preguntó «Tía, ¿que se siénte por ahí?, ¿De verdad da gusto?». Yo le contesté que sí, que era un placer diferente, que se lo llevara y probara tranquilamente. Finalmente me lo preguntó, lo que llevaba rondándome por la cabeza un buen rato «Tía, tu que sabes, ¿me lo haces tú?».

Tengo que aclarar que hasta ese día yo no había tenido nunca sexo con una mujer. Tenía curiosidad, quería probarlo, pero era como una de esas fantasías íntimas que no sabes si algún día se haran realidad.

Le dije a Mar que se desnudara. Mar era rubia de bote, con unos ojazos que me dan envidia, azules claros, claros. Yo creo que está mucho mejor de morena, pero bueno… Me hizo gracia ver que tenía los pelos del pubis teñidos también. ¡Jajaja!… Mar, reina, ¡que detallazo!, tú antes muerta que sencilla!.

La dije que sobre todo confiara en mí, que tenía que apartar la vergüenza y dejarse llevar y, si no le gustaba, le dolía demasiado o quería parar, que me lo dijera y lo dejábamos. Se fué al bidé y se lavó bien primero. Se puso a cuatro patas y yo me senté detrás. Cuando ví su culo, gordito pero sin una estría (que guarra eres tía, que suerte) y sin celulitis le dí un azote, no pude aguantarme. Noté como Mar se relajaba al reirse. Cogí crema en mis dedos y comencé a pasárselos por el ano, sin metérlos, mientras le susurraba que estuviera tranquila y relajada, que no pasaba nada, que no le iba a doler. La verdad, yo me estaba empezando a excitar bastante por el morbillo de la situación, aunque un par de veces llevé los dedos hasta la raja de Mar y ella estaba bastante seca, supongo que de los nervios.

Seguí haciendo círculos en su ano y, poco a poco, introduje un dedo. Noté como Mar temblaba y le pregunté si le dolía «no, no me ha dolido nada, pero es muy raro…, la sensación, no sé, pero no pares». La hice caso y seguí jugando con el dedo en su culo, sacándolo y metiéndolo, haciendo círculos. Pronto fué Mar la que movía el culo para buscar mi dedo, así que intenté con un segundo dedo, que entró muy fácil. Mar lanzó un gemido, más de sorpresa que de gusto. Repetí los movimientos en su culo. Tenía la cabeza en la almohada, por lo que no me veía, así que mi mano izquierda se bajó hasta mi clítoris, que me ardía pidiendo guerra. Nuevamente fue ella la que movió el culo hacia atrás. Joder con Mar, si al final tenía más vicio que yo… Estuve un buen rato con los dos dedos en su culo, follándola así, hasta que noté que entraban perfectamente. Mar también estaba disfrutando y la veía excitada, aunque la notaba cortada. Subí mi mano izquierda y observando sus reacciones se la llevé al clitorís. Comencé a hacer círculos suaves. Ahí Mar comenzó a perder los papeles, ya gemía de gusto «Joder tía, que gusto me das». Yo acentúe el movimiento sobre su chocho, sancando y metiendo los dedos de su culo.

No iba a utilizar el consolador hasta que de verdad no estuviera bien caliente, así que seguí un buen rato hasta que noté que le quedaba poquito para correrse. Yo estaba soltando lo que no está escrito. Joder, con Mar a cuatro patas, con mis dedos en su culo, masturbándola. Por fín le pregunté «¿Quieres que te meta el consolador?», «Si, tía, metémelo, por favor», saqué los dedos de su culo, cogí el consolador y lo embadurné bien de crema. Apunté a su culo y le dije «Mastúrbate tú mientras». Apreté un poco, un poco más, el culo iba cediendo bien, por la forma del aparato. Pronto entró la mitad más ancha, con Mar gimiendo y lanzando ruidillos medio de dolor, medio de gusto. Por fín pasó la parte más ancha y llegó la parte más fina. Mar no paraba de masturbarse y en ese momento con su otra mano la dirigió hacia el consolador, la puso encima de la mía y empujó hasta meterse el consolador hasta la ventosa del final. Ya no gemía, gritaba como una loca. No pude más, verla así, metiendóselo en el culo, con su raja abierta tan cerca de mí. La agarré de las caderas y dirigí mi lengua hacia su rajita y me puse a lamer como una loca, pasándola a todo lo largo de su chocho, bajando la cabeza para llegar a su clítorís, mojándola entera, buff… sólo de acordarme me pongo cachonda.

Mar no aguantó así ni 2 minutos. Se corrió mientras con una mano metía y sacaba el consolador de su culo y con la otra agarraba mi cabeza por el pelo para aplastarme contra su raja. Noté mucho flujo en mi cara cuando lo hizo. Por fín se relajó y me dejó separarme, casi me había ahogado. Se sacó el consolador del culo y se dejó caer de lado. «joder tía, que corrida, bestial, ha sido bestial». No hacia falta que lo jurara, ya lo había notado. La dejé que se recuperar, aunque yo todavía no había acabado. En cuanto la ví que se había recuperado, me puse encima suyo, con las rodillas a ambos lados de su cara. «Me toca tía, no me dejes así», dije mientras me dejaba caer sobre su cara. No sabía cómo iba a reaccionar, pero creí morirme de gusto cuando note su cabeza debajo mío y su lengua en mi raja, muy, muy mojada. ¡Me estaba comiendo el coño una tía!!!!!!. Moví mis caderas sobre su lengua, apretando, para notarla bien, me estaba matando de gusto. Como lo comía la jodía. Encima, casi leyéndome el pensamiento, una de sus manos fué hasta mi ojete y allí me emtió un dedo. No pude más y me corrí como una salvaje, frotando mi coño contra toda su cara. Im-presionante.

El resto de la noche estuvimos hablando acerca de lo que había pasado, follándonos, jugando con los consoladores. Antes ya éramos amigas, pero desde ese día lo somos mucho más.

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